Pape es de un pueblo costero de Senegal. Nació, hace poco más de treinta años, con sordera profunda. Desde pequeño, trabajó con su familia en la pesca. Nunca fue a la escuela, ni le enseñaron ningún lenguaje con el que comunicarse.
Hace unos siete años, como tantos otros jóvenes pescadores senegaleses, se lanzó al mar en un cayuco, y llegó a las Islas Canarias. No supieron cómo inscribirle, porque no llevaba papeles, y no sabía cómo expresarse.
Lo trasladaron a la península, donde fue peregrinando de un lugar de acogida a otro. Hace cuatro años, aterrizó en el Centro Ponce de León, en Madrid, de la Fundación Montemadrid, especializado en la comunidad sorda. Allí le enseñaron la Lengua de Signos Española (LSE), y le ofrecieron un trabajo en la imprenta y el huerto del Centro Especial de Empleo.
Con su trabajo, Pape se gana un pequeño sueldo, con el que hace frente a sus gastos y ayuda a su familia.
El año pasado, el Centro Ponce de León contactó con Caravana para buscar alojamiento para Pape. Aunque pueda pagarse una habitación, Pape resulta… «diferente», y nadie quiere alquilarle un sitio donde vivir.
Pape lleva ya un año viviendo en un piso caravanero, por lo que estamos muy contentos. Él sigue estudiando para aprender a leer los labios, y nosotros hemos aprendido algo de la LSE, con lo que nos vamos entendiendo cada vez mejor.
Hoy, día 1 de agosto, Pape viaja a Senegal. Es la primera vez que regresa a su tierra desde que llegó a España. Es también la primera vez que viaja en avión.
Resulta difícil hacerse una idea de la emoción que debe suponer ese reencuentro con su familia después de tantos años.
Pape nos acerca la realidad dura, trabajosa, y tremenda de los procesos migratorios, particularmente de las personas con alguna discapacidad. Pape no es un dato estadístico. Pape es nuestro amigo. Le deseamos muy buen viaje, y un gozoso encuentro con su pueblo y su familia.
Hasta pronto, Pape. Te esperamos de vuelta.


Gracias Caravana, que me permite conocer la realidad de personas como Pape, conocer a la gente con quien Pape comparte su vida.
¡Me alegro un montón por Pape, de que haya encontrado un hueco en Caravana y de que vuelva a su tierra, que por lo que se aprecia en el mapa, seguramente, es de un pueblo de la maravillosa Casamance -kasumai!
La verdad es que digno de admirar lo buena persona que es y buen compañero de vivienda, nosotros nos sentimos orgullosos de tener un compañero así porque no solo es lo que ves de él por fuera sino por lo que los que estamos a su alrededor vemos su evolución y su fortaleza y te pones a pensar como muchos más por todo lo que ha tenido que pasar y para él es un 10 como persona. Sigue así y los que estamos a tu lado veamos tu felicidad y tus logros. Un fuerte abrazo de tu compañeros ,José y Manuel que vivimos día tras día con él y vemos todos sus logros y esfuerzos por intentar comunicarnos con él y que nos hace la convivencia más amena. Gracias